Santen: una visión que cuida. Su director general, Fernando Álvarez, nos abre las puertas de Santen, la farmacéutica japonesa líder en oftalmología que combina innovación, humanidad y pequeños gestos que marcan la diferencia.
En la sala de reuniones, el lema Happiness with Vision está escrito en la pared acristalada, como una declaración de intenciones. Fernando Álvarez nos recibe allí, tras atravesar un gran open space bañado por luz natural, rodeado de plantas, ventanales y hasta sakuras, los cerezos japoneses que recuerdan las raíces niponas de la compañía. En una vitrina, unas muestras de colirios, algunos originales, traídos de Japón, sitúan el foco en lo esencial: la oftalmología y la salud visual de las personas.
Aquí no hay despachos cerrados ni puertas que separen. Todo el equipo trabaja en un espacio diáfano, y el director general se mueve entre ellos como uno más. Esa cercanía define la cultura de la empresa y también su éxito: en los últimos tres años, Santen ha registrado un crecimiento sostenido en Iberia y, entre otros premios, ha sido reconocida en 2025 como una de las 100 Mejores Empresas para Trabajar.
Fernando, son las 4 de la tarde. ¿Qué viene después de esta entrevista?
Mis dos hijos son adolescentes y deportistas, así que cada día toca llevarlos o recogerlos de sus entrenamientos. Yo también practico deporte y me ayuda a silenciar el ruido, desconectar y reenfocarme. Es mi forma de mantener el equilibrio entre lo que realmente importa, lo urgente, lo necesario… y de ordenar los pensamientos, como poner un filtro a los datos en un Excel.
Ahora estoy metido en crossfit, aunque a lo largo de mi vida he practicado todo tipo de deporte. Soy muy curioso, y esa curiosidad también me ha llevado a aprender y formarme en diferentes áreas: farmacia, medicina, economía de la salud, historia, que me fascina y siempre me da mucho que pensar sobre qué puedo aprender del pasado.
Diriges una empresa japonesa en oftalmología, un sector tan técnico como humano. ¿Qué te enamoró de este proyecto, de Santen y de este negocio?
Precisamente eso: no es solo un negocio, es salud, calidad de vida y acompañar a pacientes, familias y cuidadores. La vida pasa a través de los ojos, y darse cuenta de esto da un sentido profundo a lo que hacemos en todos los niveles de la organización. Santen me enamoró con el tiempo, cuando conocí poco a poco a las personas detrás de cada proyecto. En estos últimos tres años hemos lanzado cuatro innovaciones y estamos a punto de presentar un nuevo producto en el área de miopía. Todo esto se logra si primero conoces al equipo, lo empoderas y lo retas, y entonces el equipo crece.
Mientras hablamos, una labradora empuja la puerta y entra lentamente en la sala. Fernando la llama; ella agita la cola, luego se da la vuelta y se tumba justo detrás del cristal.
Colaboramos con la Fundación ONCE del Perro Guía para socializar perros que mañana ayudarán a personas con discapacidad visual, viene de allí, se llama Keira y es una más del equipo. Ha crecido con nosotros —dice, mirándola.
Decías que es tan importante conocer a las personas como al negocio. ¿Cómo se traduce eso en tu día a día?
Escuchando mucho y estando presente, manteniendo una comunicación constante. No solo en reuniones formales, sino en conversaciones espontáneas, aquí en la oficina, tomando un café o en remoto, sobre todo con los delegados y las delegadas de ventas que conocen tan de cerca las problemáticas del día a día del personal médico y de los pacientes. Yo mismo he sido delegado durante mis primeros años en esta industria y sé que entender el trabajo de las personas es el primer paso para poder ayudarlas a dar lo mejor de sí.
Suena a alguien que lidera desde dentro, no desde arriba
…No es casualidad que a menudo diga que soy “el primer delegado de la empresa”.
¿Cómo se lidera sin imponerse y sin perder el rumbo?
Escuchando y acompañando: liderar no es tener siempre la respuesta, es crear el espacio para que otros la encuentren. Mi papel es facilitar, marcar dirección cuando es necesario y, en ocasiones, también decir ‘no’ y retar —retar mucho— desde la convicción de que compartimos un mismo propósito y de que todos y todas contribuimos a construir Santen, con la certeza de que siempre pueden contar conmigo.
Eres un director general que se involucra en la vida de la empresa. ¿Qué aprendes de esos encuentros que no te daría ningún informe?
La realidad. Los informes te dan datos; las personas te dan contexto, emociones, matices. Y eso ayuda y complementa en la toma de decisiones.
¿Hay algún feedback reciente que te haya hecho replantearte algo importante?
Claro que sí, y me pasa a menudo con los skip level meetings (NdR: reunión con una persona del equipo saltando el nivel jerárquico). En estas llamadas, busco que el compañero o la compañera se sientan cómodos para decirme, en estos 30-40 min, lo que piensan, incluso cuando no están de acuerdo, y sugerir qué harían en mi lugar. Recientemente, por ejemplo, me han hecho replantear por completo una de las ideas iniciales que tenía en mente y que estaba relacionada con un próximo lanzamiento. Ese feedback para mí es un regalo.
Un regalo sí, pero para alguien con tanta experiencia y una dirección tan clara, sería más fácil seguir el propio instinto e ideas e ir a lo seguro. ¿Cómo lo evitas?
Rodeándome de personas competentes y diferentes, que piensan distinto, que me cuestionan y a veces incomodan. El debate es clave: cuando no lo hay, algo no está funcionando.
Defiendes la diversidad de miradas. ¿Qué ha cambiado desde que apostaste por ella?
Cuando hay más diversidad, las decisiones son más completas, aunque a veces tarden más. Y, sobre todo, las personas sienten que impactan directamente en la organización, que son responsables de todo lo que ocurre y no solo que ejecutan órdenes. En la última encuesta interna de Great Place to Work de enero 2026, el 98% de la plantilla respondió que “se siente orgullosa de lo que logra aquí”. No es un caso. Y los premios de diversidad que ves al fondo del open space son reconocimientos importantes, pero sobre todo un recordatorio de nuestra responsabilidad, como empresa, de seguir fomentando equidad, diversidad e inclusión. Y las personas que tenemos el privilegio de liderar equipos, en esto tenemos una responsabilidad aún mayor.
Hablas de tu trabajo como un privilegio. ¿Qué significa para ti cuidar de personas desde tu posición?
Significa crear un entorno donde cada persona pueda crecer, aportar, sentirse valorada siendo ella misma Eso tiene un impacto directo en cómo cuidamos también a nuestros pacientes. Si cuidamos a nuestro equipo, nuestro equipo, a su vez, cuidará mejor. Como los gansos que vuelan en V: cada uno, con sus alas, genera la corriente que ayuda al que viene detrás a sostenerse y avanzar con menos esfuerzo. Y cuando el que va delante se cansa, otro toma el relevo. Nadie llega lejos solo.
En el caso de Santen, cuidar de personas también significa cuidar de la visión, de la salud y del estilo de vida de miles de pacientes. ¿Cómo se vive esa responsabilidad?
Con mucha conciencia, porque cada decisión impacta en la vida de alguien. Eso te obliga a ser riguroso, pero también profundamente humano.
Se escucha una risa desde el open space.
En un entorno tan exigente, es importante no perder el buen humor…
Efectivamente, hay mucho esfuerzo, muchas horas, mucha dedicación y cuando se hace en un entorno de buen humor, es otra cosa. Aquí celebramos todo lo que podemos: cantamos cumpleaños, comemos sushi juntos, llevamos nuestros perros a la oficina. No es frivolidad, es salud emocional.
¿Qué dicen estos pequeños rituales sobre vuestra cultura?
Que la clave está en el equipo, creemos en el trabajo bien hecho, sí, pero también en disfrutar del camino y hacerlo juntos.
Mi mirada va a los cerezos detrás del cristal que decoran una esquina del espacio. Fernando se da cuenta:
Hace tiempo leí que cada primavera, en Japón celebran el hanami, la floración del sakura, el cerezo, y es un recordatorio de que siempre hay que celebrar todo lo que se pueda. En esta empresa nos los tomamos muy en serio, somos muy celebrativos…
Fernando, lideras a una compañía que en Iberia crece de forma sostenida y sirve a más de miles de especialistas en oftalmología y a millones de pacientes a nivel global. ¿Cómo se toman decisiones que impactan a tantas personas?
Con sentido de la responsabilidad y valentía: no vivimos en tiempos de cruzadas, no luchamos contra piratas, no tenemos que empuñar espadas ni defender murallas. Nuestra responsabilidad hoy se ejerce y demuestra en las pequeñas elecciones de cada día: escuchar primero y luego decir las cosas con la forma correcta y con corazón, tomar partido, atreverse a contradecir, apostar una y otra vez, aunque nuestra idea no haya sido elegida a la primera. Asumir este compromiso implica aceptar que el mundo es imperfecto y que estamos aquí para impulsar que las cosas ocurran. Y que ocurran depende de mí, de ti y de cada uno de nosotros.
Ya estamos al final, no quiero que llegues tarde a tus compromisos familiares. ¿Qué te gustaría que quedara de tu paso por Santen?
Más allá de los resultados, el haber contribuido a que esta sea una compañía humana en sus valores, líder por su innovación y reconocida por su impacto positivo en la vida de los pacientes con dificultades de visión.
Acompañándome a la salida, Fernando señala la vitrina con colírios de la marca.
Esto es nuestro core business —dice. El producto es importante, y lo que permite aún más: que alguien vea mejor y viva mejor.